ENVIRONMENTS

A system of beacons for the waste

It is part of the instinct of our species to move away and to bury the waste we produce. It is a foundational hygienic gesture: we push away from us what, in all likelihood, could sicken us. We send it to a mysterious and opaque space in the hope that there it will disappear. We move the excrement to a parallel reality that, in the words of the philosopher and psychoanalyst Slavoj Žižek, we perceive as “an underground world, chaotic and primordial”. A world-drain, a world-sewer from which we expect nothing will come back.

The series that make up “Environments” are the result of looking not so much the wastes as the way we move them around from one place to another, expelling them from our most immediate context to integrate them in that area -or blind spot- from where they should not come back. Thus, “Environments” can be understood as a system of beacons that Jon Gorospe put along the route that the rests set forth on to their final exile. Their return, their potential return can only be imagined as a catastrophe: the nightmare of revulsion. However, one could propose a hypothesis that even if a bit excessive is still possible: that the disaster may not be in front of us but behind us. Consequently, what the work of Gorospe shows us might just be nothing more than the natural drift of the post-apocalyptic scenario in which we live -not knowing it- since a long time. Then, to approach the waste plants, the landfills and dumping sites is not just to approach the great museum of the denial or the more complete masking repertoire, but also the more likely landscape, the architecture that awaits us and is already here.

From the garbage bag to the landfill, we are before a tenacious process of concealment. We hide what we do not assume, we hide the obscenity of decrepitude and death, we conceal what, on the other side, continues with its process of putrefaction, with its increased and threatening toxicity: there is no transparent waste bag, container, or truck. As in the culmination of an optical trick, we witness the disappearance of the traumatic as camouflage, swiping, or glaze. In the images that follow we will not see the garbage, the filth, the dregs, but the dark abyss that protects us from them: the opacity hiding them. Something that, on the contrary, will not leave us quite because it happens, as Nietzsche knew, that “when you look long into an abyss, it looks back into you”. That is the risk -the toll?- that the viewer of “Environments” have to assume.

Rubén Ángel Arias October 2016

info

2014

1st movement: "oceans" -11:57min. 21/9film, double channel sound-

2nd movement: "midair" -11:20min. 21/9film, double channel sound-

coda: "garbage bags" 12 photographies; "containers" 6 photographies; "trucks" 6 photographies;"dumpsites" 10 photographies.

ENTORNOS

Un sistema de balizas para el desperdicio

Forma parte del instinto de nuestra especie apartar y enterrar los residuos que producimos. Se trata de un gesto higiénico fundacional: arrinconamos lejos de nosotros lo que, con toda probabilidad, podría enfermarnos. Lo enviamos a un espacio misterioso y opaco con la esperanza de que allí desaparezca. Desplazamos los excrementos a una realidad paralela que, en palabras del filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek, percibimos como «un mundo subterráneo, caótico y primordial». Un mundo-sumidero, un mundo-desagüe del que esperamos que nada regrese.

Las series que conforman «Enviroments» son el resultado de mirar no tanto los desperdicios como el modo en que los movemos de un entorno a otro, expulsándolos de nuestro contexto más inmediato para integrarlos en ese ámbito –o punto ciego– del que no deben volver. Así, «Enviroments» puede entenderse como un sistema de balizas que Jon Gorospe hubiera dispuesto a lo largo del recorrido que los desechos emprenden hacia su exilio definitivo. Su vuelta, el potencial retorno de los mismos solo es posible imaginarlo como una catástrofe: la pesadilla del asco. Sin embargo, cabría plantear una hipótesis no por desmesurada menos probable, y es que la catástrofe quizá no esté delante sino detrás de nosotros. En consecuencia, aquello que el trabajo de Gorospe nos presenta tal vez no sea otra cosa que la deriva natural del escenario postapocalíptico en el que habitamos –sin saberlo– desde hace tiempo. Acercarse, entonces, a las plantas de desechos, a los basurales y escombreras no solo es acercarse al gran museo de la negación o al repertorio más completo del enmascaramiento sino también al paisaje más probable, a la arquitectura que nos espera y que ya está aquí.

De la bolsa de basura al vertedero, nos encontramos ante un tenaz proceso de ocultamiento. Se oculta aquello que no se asume, se oculta la obscenidad de lo decrépito y de la muerte, se encubre aquello que, del otro lado, continúa con su proceso de putrefacción, con su toxicidad incrementada y amenazante: no hay bolsa, contendor o camión de residuos transparente. Como en la culminación de un truco óptico, asistimos a la desaparición de lo traumático en forma de camuflaje, de escamoteo o veladura. En las imágenes que siguen no veremos los desperdicios, la inmundicia, la hez, sino el oscuro abismo que nos protege de ellas: la opacidad que las oculta. Algo que, por el contrario, no va a dejarnos tranquilos pues ocurre, como sabía Nietzsche, que «cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti». Ese es el riesgo –el peaje– que el espectador de «Enviroments» deberá asumir.

Rubén Ángel Arias Octubre de 2016